InakiLancelot
  Verano 1993
 

LLANTO LIBERADOR

«Verano 1993»
Directora: Carla Simón
Nacionalidad: España
Intérpretes: David Verdaguer, Bruna Cusí, Laia Artigas, Paula Robles, Montse Sanz, Isabel Rocatti
Premios: Mejor película española en Málaga, Mejor ópera prima en Berlin
Estreno: 30/6/17

El luto es siempre una cuestión complicada, más aún cuando no brotaron las lágrimas y algo se quedó dentro. En esta circunstancia, el silencio puede rodear a los niños, cuando oyen que el finado salió de viaje o se esquiva la cuestión mientras los mayores la tratan en voz baja.

Carla Simón aborda su primera película, rodada íntegramente en catalán, con una contención extrema, dando detalles que permiten al espectador ir hilando de espaldas a la protagonista, una niña, ella misma, veinticuatro años atrás.

La directora estira la duración del plano y reduce el ritmo de la narración, como sucede en los momentos importantes, cuando todo parece transcurrir a cámara lenta, sin que podamos hacer nada para evitar el desenlace.

Recrea la época con un detallismo extremo: los helados, los pijamas infantiles, los dibujos animados. Y arranca a la nena de su Barcelona / Ítaca natal para dejarla caer en la Girona rural, rodeada de gallinas y coles, con las que nunca congeniará.

Probablemente, esta película habrá sido especialmente dura para la familia que la recogió y la sacó adelante, por la nostalgia hacia lo que no tuvo que relata Carla, por su magnífica descripción del sentimiento de extrañeza, el de quien nunca reconoce el entorno como propio. Pero también es cierto que el argumento permite conocer el punto de vista de todos sin que lo declaren a viva voz. El aprendizaje que requiere ser padre, la posibilidad de hacerlo mal deseando hacerlo bien, la generosidad de los padres adoptivos, la afectuosidad de su tío Esteve (encarnado por David Verdaguer, un hilo fino liga su quehacer al destino de la ausente Neus) y la aceptación sin condiciones de la más pequeña, a quien Simón dirige toda su ternura y afecto en la construcción del personaje.

En este sentido es magnífica una secuencia en la que parece describir cómo se construyen los lazos que unen padres e hijos: ¿arreglando juntos un enchufe en casa? ¿siendo arropado cuando uno siente miedo? ¿jugando juntos? Y cómo todo ello puede no funcionar, pese al esfuerzo o a los buenos deseos. Así como su búsqueda de mensajes de la madre, pasados o presentes. O ese llanto que nos libera a todos.

Simón vuelca en la obra, tan imperfecta como honesta y sincera, su necesidad de expresarse. Y construye una cinta conmovedora, en absoluto autocontemplativa, doliente y vital.

Inaki Lancelot

 
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