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  Uno para todos
 

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Uno para todos
Director: David Ilundain
Nacionalidad: España
Intérpretes: David Verdaguer, Patricia López Arnáiz, Ana Labordeta, Clara Segura, Betsy Túrnez, Miguel Ángel Tirado
Estreno: 18/9/20

Comienza Uno para todos con una secuencia sugerente. La conducción por un camino sinuoso a través de un paisaje rural, mientras se va echando la noche, y el equipo de música desgrana las notas de «Tornarás a tremolar», evocador tema de Mishima.

Culmina en el viaje de regreso por la misma carretera, después de transcurrido un curso escolar. De haber visto crecer a un grupo de colegiales, y haber compartido esa transformación anual (o mejor diaria) a la que obliga el oficio de maestro.

En el meollo, otra imagen icónica. La salida a la calle, observada a contraluz, del didacta, una vez terminada una jornada más, muy probablemente un día especialmente importante para alguno de sus tutorandos. Atraviesa el maestro el patio del colegio y abandona por unas horas su hogar durante nueve meses ¿sin mirar atrás?

La segunda película de David Ilundáin, tras B, de Bárcenas contextualiza las condiciones de un interino en la educación, que es llamado de un día para otro para trabajar en otra comunidad autónoma. Que pasa la primera noche en su coche como sistema de acogida que le dispensa el sistema. Y descubre el nivel y materias a impartir minutos antes de presentarse en el aula. Con la necesidad imperiosa de memorizar lo antes posible los nombres de esos seres para quienes es ya una figura fundamental.

Refleja también la España rural a la que solo es posible llegar en coche y el choque del urbanita frente a esas casas con crucifijo y miradas desde detrás de las cortinas. Lo hace entre referencias a la controvertida enseñanza bilingüe. Mientras ilustra la dureza estacional en la España que se vacía, en la voz de León Coeur, “marinero sin norte cuando llega el invierno”.

Sin que falte referencia al fundamental El club de los poetas muertos, David Verdaguer da vida a un antihéroe cuya primera reacción, al conocer la que le viene encima, es buscar la huida. Le acompaña un grupo de alumn@s en el CEIP  Compromiso de Caspe.

En un film donde los agradecimientos del director son para los maestros que tuvo y los que tuvieron sus hijos, quienes son nombrados uno por uno. Donde cita un inframundo en el que aprender a perdonar.

Y que se alza cuando entra la imaginación en el aula (interesante cuestión que una clase convencional no resulte cinematográfica), estimulando a los niños a dibujar su futuro. Entonces, el devenir de la pandilla se observa con un punto de emoción. Porque las sanciones en forma de expulsión, la sobreprotección familiar, la ley del silencio (chivato) y el acoso que acontecen pasan a formar parte de un grupo que crece, se fortalece y vuela. Mientras el maestro observa la llegada de la fiesta de final de curso. Las aulas vacías cuando entra en ellas por última vez.

Porque a él le toca marchar.

Inaki Lancelot

 
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