InakiLancelot
  Timbuktu
 

PAZ TUAREG 

«Timbuktu»
Director: Abderrahmane Sissako
Nacionalidad: Mauritania
Intérpretes: Ibrahim Ahmed, Toulou Kiki
Estreno: 6 de febrero de 2015

No da tiempo a aprender todo lo que uno quisiera y se vive siendo un gran desconocedor, prácticamente en todos los campos. Por ejemplo, la geografía, los continentes que uno ni siquiera logra pisar. Como África, un concepto inabarcable, del que apenas se oían nada más que alusiones a hambrunas y misioneros. Del que fueron llegando noticias de aventureros extasiados por la vida salvaje y los consiguientes safaris, o civilizaciones milenarias, como la ciudad de Tombuctú.

Ya para comenzar el milenio, se extendió la denominación de Sahel para definir el área inmediatamente al sur del Sahara y los países mediterráneos. La constituirían Mauritania, Malí, Níger, Chad, Sudán… Países desconocidos para los medios de comunicación, de los que apenas llegaban imágenes cuando los atravesaba el rally París – Dakar. Una prueba que se desplazó a Suramérica por seguridad, se oyó decir. Sin que quedara muy claro cuál era el peligro allí establecido.

«Timbuktu», el tercer largo del mauritano Abderrahmane Sissako lo aclara con encomiable capacidad de entretenimiento, con afán político y con sentido lírico.

Sissako ha rodado en Oualata, una población de su propio país limítrofe con Malí, donde transcurre el argumento en la ficción. Concretamente la historia nos sitúa en el área de Timbuktu, cuyo centro neurálgico es la ciudad milenaria de Tombuctú, patrimonio de la humanidad.

Del film destaca la belleza de las imágenes, sumamente poéticas en un entorno que no se presta necesariamente a ello y la contundencia del mensaje acerca de la actualidad que están sufriendo sus pobladores. Contado todo ello en un guión que invita a identificarse con los personajes y guardarlos en la memoria con gran aprecio. Así, será difícil olvidar la serena mirada de Samira, una de las protagonistas de la cinta.

Como el encanto de las jaimas en las dunas, y como ese gran angular del oasis que contiene en sí mismo toda la riqueza del área y toda la actividad posible de sus moradores. Quienes bien pescan, bien alimentan allí a su ganado. Y donde sucede el momento fundamental de la trama que nos ocupa, rodado en un plano fijo sensacional. Sin duda, la belleza de un lugar gana en intensidad cuanto mayor esfuerzo se requiere para llegar a él.

El objetivo de la obra es denunciar la locura de unos preceptos caprichosos impuestos por unos invasores extranjeros sobre la población tuareg, los habitantes históricos que practican el islamismo, pero se horrorizan ante la violencia de los advenedizos yihadistas.

La distancia mental entre todos ellos está maravillosamente reflejada en una secuencia fantástica donde se mezclan el inglés, distintos dialectos del árabe y Tamasheq, la variante de los tuaregs de Timbuktu. A lo largo del metraje, escucharemos otras lenguas practicadas en Malí: francés, bambara y songhay.

Los mandamientos infligidos, nos dice Sissako, acaban con los colores para imponer el gris. Acallan la música y la bellísima voz de Fatoumata Diawava -¡Qué descubrimiento!- exigiendo el silencio. Desprecian el arte y exilian la imaginación. Afean la vida y la acortan. La cortan y han sido impuestos por una superioridad lograda a base de todoterrenos, móviles de última generación y armamento. Tecnología para el mal.

Inaki Lancelot

 
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