InakiLancelot
  La mujer sin piano
 

REBELIÓN 

«La mujer sin piano»
Director: Javier Rebollo
Nacionalidad: Española
Intérpretes: Carmen Machi, Jan Budar
Fecha de estreno: 27/1/10

Desde la invención del cine, coexisten dos tendencias complementarias que apuntan en sentidos opuestos. De una parte, en 1902, Méliès iniciaba con su viaje a la luna la representación de la fantasía, el espectáculo y la aventura, que ha conducido a la creación de mitos de nuestro tiempo, como Indiana Jones. De otra, la preocupación social que llevó a Serguei Eisenstein a filmar “La huelga” en 1924, implica el deseo de plasmar la realidad de una forma verosímil y sencilla.

Ambas líneas han perdurado hasta la actualidad. Mientras el avance tecnológico ha abierto el campo de actuación de la primera, la capacidad de ahondar en la psicología de los personajes ha permitido trascender la inicial orientación sociológica y documental de la segunda.

«La mujer sin piano» pertenece al cine social. En la segunda película de Javier Rebollo, como sucede si uno presta atención en su propia casa, no existe fondo musical. Se escucha el tictac de los relojes, la radio y la televisión hablan sin descanso de los temas más variopintos y con cierta frecuencia surge una llamada telefónica de la televenta. La normalidad se va filtrando en cada fotograma con la misma naturalidad con la que se revelan defectos de nuestro sistema de protección social.

La protagonista, que bien pudiera llamarse Rosa, es un ama de casa del siglo XXI, alejada ya de su esplendor físico, quien despierta junto a un marido igualmente envejecido. Mientras él acude a su trabajo, a ella, no obligada a fichar, le espera un día repleto de tareas.

En «La mujer sin piano» aparece la frustración de no llegar a tiempo propia de la gran ciudad y estos tiempos veloces, la complicada relación entre avance tecnológico y felicidad, la despersonalización en el ámbito público de nuestra sociedad.

La noche, tantas veces idealizada en el cine como momento de escape y diversión, aquí es una calle deshabitada, en la que uno escucha sus propios pasos, en la que los insomnes se asoman al balcón y jóvenes pendencieros interaccionan con agresividad. Se niega cobijo a los necesitados de calor, los profesionales no triunfan, ingresan en prisión los empleados endeudados y ante las cámaras sonríen los rostros de los cuatro firmantes del pacto de las Azores, poco antes del bombardeo de posiciones civiles en Bagdad.

Dirigido a espectadores sosegados que disfrutan al reconocer los hechos cotidianos que identifican nuestra sociedad. La capacidad de observación para reparar en ellos es una de las virtudes de los creadores, literatos o cineastas. Javier Rebollo es un ejemplo, y a ello ha unido un deseo de insurrección ante la uniforme medianía.

Inaki Lancelot

 
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