InakiLancelot
  Siete mesas de billar francés
 

PARA TODO LOS PÚBLICOS 

Siete mesas de billar francés
Director; Gracia Querejeta
Nacionalidad: España
Intérpretes: Maribel Verdú, Blanca Portillo, Jesús Castejón, Raúl Arévalo, Enrique Villén, Ramón Barea
, LorenaVindel, José Luis García Pérez, Amparo Baró
Estreno: 5/10/7

Película de personajes presentada en la sección Oficial de Zinemaldia 2007 en la que Gracia Querejeta dirige una trama de doble avance. El desarrollo cronológico de la historia principal se ve complementado aquí por un flash-back que sostiene la incógnita hasta el final. La complejidad de esta estructura provocó muy probablemente que el Jurado le concediera el premio al mejor guión.

La directora, y este es en mi opinión el punto fuerte de la película, centra su atención en los sentimientos de los personajes, quienes aparecen en conflicto individual frente a la mentira conyugal y paterna, a la propia bondad sin chispa ni iniciativa, a la adicción al juego o a la atención que requieren sus mayores. En este sentido, la labor de Blanca Portillo, ganadora del premio a la mejor actriz, destaca por su credibilidad. Interpreta magníficamente su papel de mujer madura siempre en segundo plano, sostén familiar, que sobreprotege hasta el ahogo a quien tiene oportunidad, ella misma. Que aplaza decisiones y no logra complacer a todos sin fallarle a alguien. Su personaje queda en la memoria a la salida del cine como el de un amigo conocido.

Sin embargo, Gracia Querejeta cuida demasiado que su presentación no dañe al público sensible. El guión queda entonces prisionero de la necesidad de dosificar momentos cómicos, incluso hilarantes, que haciendo más digerible el contenido dramático, dañan también su credibilidad. Adicionalmente, éstos ocupan un tiempo de metraje que reduce el desarrollo de la trama a unos personajes principales que triunfan y unos secundarios que hacen reír, o son recursos de fácil empatía. Entre estos últimos destacan la idealizada inmigrante buena chica engañada que merece un mejor amor y la abuela mayor que se conserva como una rosa y está loca por irse a una residencia de ancianos. 

La necesidad de un final feliz revierte finalmente el buen inicio del film. Conduce a personajes que no parecen sentir dificultades, que no se arredran. Más bien muestran una capacidad de superación del estilo hollywoodiense en el que un solo soldado vence a todo un ejército. El guión no permite el crecimiento de los secundarios cuyo carácter se expresa de una sola componente, sin crecimiento, y en el caso de los principales (Maribel Verdú y Blanca Portillo) lo limita a un brusco giro catártico. Nuestras dos mujeres son entonces dos heroínas de película, no de la cotidianeidad. 

Las actuaciones pasan a ser lo que sostiene todo el entramado. Junto a Jesús Castejón en su papel de bonachón al que se quiere bien como amigo (nada más), destaca la ingente comicidad de Raúl Arévalo, cuya actuación supera el nivel de carcajadas que ya provocara en Azul oscuro casi negro, muy bien acompañado por Enrique Villén y Ramón Barea. 

Inaki Lancelot

 
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