InakiLancelot
  Mis hijos
 

DILUCIÓN DE LA IDENTIDAD

«Mis hijos / Dancing arabs»
Director: Eran Riklis
Nacionalidad: Israel
Intérpretes: Tawfeek Barhom, Danielle Kitsis, Michael Moshonov, Yaël Abecassis, Ali Suliman, Norman Issa
Estreno: 13/3/15

Han pasado siete años desde que llegara a España «Los limoneros», la séptima película del director israelí Eran Riklis, en la que se denunciaba la difícil supervivencia de la población palestina en el país hebreo. Dos largometrajes después, se estrena ahora «Mis hijos», traducción en España del título «Dancing arabs».

La posición de Riklis es diferente a los filmes palestinos de denuncia sobre la violencia existente en su país y el carácter de víctimas de los árabes en un entorno directamente bélico. El veterano realizador atiende no tanto a la violencia explícita como a las dificultades cotidianas en tiempos de paz. Tratando a sus personajes de diferente procedencia desde una perspectiva similar, para ahondar en las dificultades de los palestinos para llevar una vida común ante la mayor potencia del estado judío, del que forman parte.

La conclusión, si bien no es tan dolorosa como al contemplar en otros casos situaciones realmente brutales, tampoco invita al optimismo.

Aquí tenemos a un joven y prometedor estudiante palestino, cuya única forma de avanzar en su formación es acudir a una escuela hebrea. Un elemento de la cultura minoritaria (alguien diría sometida) que sólo encuentra camino integrándose (o no, he aquí la cuestión) en el sistema dirigido por la otra parte. El tema que aborda, en primer lugar, la película es la dilución de la identidad cultural del protagonista a medida que crece en su nuevo entorno.

Riklis ilustra las barreras que ha de superar el joven ante una nueva lengua, otra escritura y una forma diferente de disfrutar el ocio. Los recelos hacia lo árabe que se van transmitiendo de forma casi indetectable. Las trampas que le tiende su fisonomía claramente no autóctona (atención, en su propio país). La suspicacia policial que le convierte en objetivo injustificado de cacheos y coarta su libertad. Finalmente, el lugar en la cocina que le reserva este mundo avanzado a las minorías o inmigrantes, independientemente de su valía personal.

En este sentido, es muy lograda la analogía realizada entre alguien que procede de una minoría y otra figura que sufre una enfermedad grave, ambos incurables.

También ilustra elementos positivos, como la existencia de personas libres de prejuicios o como la capacidad de superarlos por aquellas que los tuvieron. Como la oportunidad de progreso real que conferían los estudios en el mundo de 1990, algo tristemente cuestionado en la actualidad.

La obra trata el tema desde una posición muy alejada del tremendismo. Desde su contención, brilla su sinceridad. Aunque deja en la conclusión, en su recuerdo al caso de Jorge Semprún, una sensación sofocante. La certeza de no haber avanzado en este asunto durante sesenta años.

Inaki Lancelot

 
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