InakiLancelot
  La vie d'Adèle
 

PASIONES ASIMÉTRICAS

«La vie d’Adèle»
Director: Abdellatif Kechiche
Nacionalidad: Francesa
Intérpretes: Adèle Exarchopoulos, Léa Seydoux
Estreno: 25/10/13

Creía que hacer un film de amor adolescente y no resultar ñoño era un imposible. Hasta ver «La vida de Adèle».

Seguramente porque no es adolescente el retrato, aunque inicia con el despertar personal y también sexual del personaje principal. Con una relación apasionada que transgrede el camino prefijado y que emociona porque el ardor de las protagonistas salta de la pantalla.

A lo que ayuda la decisión del director de rodar secuencias muy largas de sexo sin tapujos entre mujeres, en un film de tres horas para cubrir pocos años de vida. Un metraje bien aprovechado y dosificado, que permite identificarse con los sentimientos experimentados por Adèle.

Y ello a pesar de un comienzo poco personal. Una adolescente bañada en lágrimas por una ruptura. Entonces surge una chispa de cine en estado de gracia, que arrebata al espectador de sus cimientos para introducirlo en el vaivén del descubrimiento de una pasión impetuosa que no entraba en los planes. Contada desde dentro, a la que es imposible negarse, con el enfrentamiento que ello supone a un mundo exterior que había sido colchón y se torna enemigo. 

Confluyen en la trama una mujer joven, lesbiana asumida, fuerte, muy segura, con carácter ganador e integrada familiar y socialmente, y una niña que deviene mujer y nunca logra despegarse de un halo de soledad frente al universo.

Este es el tema principal, pero no el único. Coexisten otras dos tramas secundarias. La primera, es la condición de maestra vocacional de la protagonista. Una profesora de infantil que cuando ha de responder sobre el origen de su vocación, recuerda que aprendió en la escuela otras cosas que no pudieron transmitirle ni sus padres ni sus amigos y quisiera formar parte de esa cadena. La descripción de la paciencia, capacidad de empatía y de disfrute junto a bebés y niños, las cuitas de estos tan absurdas vistas desde el más absurdo mundo de la mejora continua es fantástica. Como lo es, en particular, la descripción del vacío que siente en la fiesta del último día quien lo ha dado todo a lo largo de un curso. Incluyendo un retazo del lado reivindicativo y luchador que forma parte del carácter de la protagonista y que deja huella de la llegada de recortes en la educación también en la Francia ilustrada.

La segunda subtrama describe el mundo del arte, abordando lateralmente cuestiones como la autenticidad frente a la comercialidad, el poder de los galeristas y el papel de los periodistas. Lateralmente, sí, porque el asunto principal es la figura del artista triunfador. Su perseverante convicción de dejarse en el camino cuanto sea menester en pos del reconocimiento.

La combinación entre la crónica de ese ascenso exterior, con la descripción de la asimetría en el grado de entrega dentro de una pareja, deja un poso amargo en la parte final. En la que el mensaje es que quien no se guarda nada, termina debilitado y a merced de olas como un barco a la deriva.

Es muy destacable el papel de la música en esta película en la que no nos van relatando sino que nos va sucediendo que nos acercamos a un desconocido para terminar arrastrados por el deseo, al mismo tiempo que unas excelentes actrices, magníficamente dirigidas.

Inaki Lancelot

 
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