InakiLancelot
  Un Franco, catorce pesetas
 

RETRATO SINCERO Y FIDEDIGNO

«Un Franco, catorce peseta
Nacionalidad: España
Director: Carlos Iglesias
Intérpretes: Carlos Iglesias, Javier Gutiérrez, Nieve De Medina
Estreno 5 de mayo de 2006

Emocionante y emotivo retrato desde dentro sobre la emigración española, aquella que en los años 60 salió del país después de haber sido pasto de defraudadores inmobiliarios y del cierre de industrias en crisis.

Carlos Iglesias hace un alarde de cariño y ternura por los personajes, y revela una fantástica capacidad por describirlos profundamente reales.

Ver “Un Franco catorce pesetas” anima a ser mejor persona y llama a la tolerancia sin necesidad de pretenderlo, sólo por ser como es. Por presentarnos a personas que saben estar por encima de las disensiones. Porque la maldad está siempre controlada. Porque no deja de contraponer al maestro frente al usurero. Porque el que llega algo más lejos, estudiaba más.

El debut del gran cómico en la dirección recrea con gran fidelidad el espíritu de aquella generación de los nacidos en los años 20 a 40: su candidez, su bondad, la presión social que soportaban, los tabúes, los complejos de inferioridad y de superioridad… el descubrimiento que suponía salir a Europa. El cambio de mentalidad.

Y presenta también el sentimiento de no ser de ningún lado del expatriado, considerado forastero donde esté, y que añora el lugar donde no está.

“Un Franco catorce pesetas” refleja primorosamente los gestos sociales y los momentos importantes (el viaje al entierro del padre, tan emotivo como espléndidamente resuelto), las normas no escritas, los acuerdos sellados con un apretón de manos.

Para dejar un aroma de melancolía por las oportunidades que no se cumplen o por los amores que no terminaron de serlo.

El propio Carlos Iglesias encabeza junto a Javier Gutiérrez (qué grande), Nieve de Medina e Isabel Blanco (qué buenos trabajos) un conjunto de interpretaciones intensas, de estilo más cercano al que se llevaba en la época, lejos del naturalismo actual que convierte la gestualidad en exceso.

El relato data del año 2006 cuando España era lugar de acogida de emigrantes. Su aportación entonces era dar a entender la posición de aquellos que se jugaban la vida para cruzar el Estrecho. Ocho años después y dada la vuelta a la tortilla, la impronta del film ha crecido.

Inaki Lancelot

 
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