InakiLancelot
  La herida
 

CÁMARA E INTERPRETACIÓN

 

«La herida»

Director: Fernando Franco

Intérpretes: Marián Álvarez, Manolo Solo

Estreno 4 de octubre

S. O. Festival de San Sebastián

 

Es probable que a uno le toque enfrentarse en su trabajo a situaciones desconocidas en su vida personal. Así, a un actor puede llegarle el día en que le corresponda representar un ataque de ansiedad sin haberlo padecido nunca antes. No ha de ser nada sencillo.

 

Ahora bien, mucho más difícil ha de ser representarlo cuando se ha sufrido. Difícil no tanto en el aspecto técnico como en el personal. Ha de experimentarse una concatenación de sentimientos de difícil control, que pugnan por desbordarle a uno. Por este camino debe de orientarse la llamada introspección del actor para descubrir en su interior al personaje que representa.

 

Desconozco cuál ha sido la opción de Marián Álvarez para componer a esa joven que carece de la mínima habilidad social. A quien la menor contrariedad le genera una crisis en espiral y cuya profesión sanitaria le ocasiona un desgaste afectivo añadido e irresoluble. Sólo pienso que su interpretación en «La herida», de Fernando Franco, ha sido magistral. Ella sola conduce esta ópera prima, participando en todas las secuencias del film, transmitiéndonos la acción y los sentimientos de la trama.

Marián Álvarez fue reconocida seis años atrás como la mejor actriz en el Festival de Locarno, siendo hasta la fecha la única española en alcanzar dicho premio. Actuaba en el debut en la dirección de la barcelonesa Roser Aguilar, «Lo mejor de mí», una interesantísima cinta que indagaba sobre los límites de la entrega personal a través de la donación de órganos.

La actuación principal no es el único elemento remarcable de esta obra. Fernando Franco transmite soledad e incomunicación, frustración y dolor, valiéndose de su cámara y de los intérpretes como medios de expresión cuyo valor ensalza. Minimizando el uso de recursos artificiales como fondos musicales o diálogos impostados, dosifica el ritmo narrativo y deja que fluyan acción y argumento, culminando una dirección magnífica.

 

En la información de presentación de «La herida» se enfatiza que el personaje adolece de una dolencia llamada Trastorno de la personalidad, la cual no aparece citada en ningún momento del metraje. Ello atraerá sin duda al público interesado en la psicología.

 

Por mi parte, el comportamiento del entorno familiar de «La herida», ese no saber querer, me hace pensar por contraste en aquella entrega ciega que interpretó Juan Diego Botto en «Todo lo que tú quieras» (NNOO 1513). Probablemente no representan personas diferentes sino diferentes aspectos que conforman la poliédrica realidad que a lo largo de su existencia encarna un solo ser humano.

 

Inaki Lancelot

 
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