InakiLancelot
  Aunque tú no lo sepas
 

¿Y SI EL DOCTOR ZHIVAGO NO HUBIERA MUERTO?

«Aunque tú no lo sepas»
Director: Juan Vicente Córdoba
Nacionalidad: Española
Intérpretes: Silvia Munt, Gary Piquer, Andrés Gertrúdix, Cristina Brondo, Daniel Guzmán, Manuel Morón, Yohana Cobo, Laia Gayet.
Estreno: 24/11/00

Todo film tiene una componente artística, a la que se suman otras económicas, documentales o culturales. «Aunque tú no lo sepas», la presentación en largometraje de Juan Vicente Córdoba, parte de unos referentes literarios especialmente acusados. Y de ellos hace buen uso para dosificar la información de una trama que siendo sencilla, mantiene en vilo a un espectador que quiere conocer más de lo ocurrido en la juventud de nuestros protagonistas.

El director logra un acabado emotivo, apoyándose en un guión que avanza en dos fases temporales distintas. En la primera nos sitúa en el Madrid de 1974, al final de la adolescencia de Lucía y Juan. La segunda transcurre en la actualidad y en el mismo entorno físico anterior.

La ambientación de la primera nos muestra las ropas, los peinados o los vehículos que recorrían (en un tráfico muy fluido dada su escasez) las calles en la época. Refleja con especial acierto el férreo autocontrol de aquella sociedad. La policía es bien visible en las calles y actúa contundentemente contra los desvíos del orden público de una juventud manifiestamente ingenua. Pero la herramienta principal de la represión es el compañero de escuela que ataca al “melenas”. Lo son los estrictos y autoritarios padre y abuelo, quienes corrigen la deriva de quien no va bien vestido a clase. Lo es, por último, la necesidad económica que lo aleja de la posibilidad de estudiar para prosperar. Mientras, el padre combina dos empleos para vivir en un domicilio de reducidas dimensiones, con limitaciones evidentes y en una zona del extrarradio cuyo descuido contrasta con el estado de la zona centro de la ciudad.

Más allá de la contextualización descrita, la cinta plasma el dolor de quien descubre haberse equivocado. Podría buscar buenas razones, la presión social, la familiar… No le basta. La cámara acompaña a Silvia Munt, en sus miradas, en sus escuchas musicales, premiosamente, mostrándonos su desolación. Como en el cine de Kieslowski, citado como fuente de inspiración en los créditos finales de la exhibición. Aunque dejando que conozcamos la causa de tal sentimiento poco a poco, a medida que transcurre el metraje.

JV Córdoba fascina con su detallismo y su cariño por lo literario. No sólo se vale del homónimo poema “Aunque tú no lo sepas” de Luis García Montero para titular su obra. No sólo adapta el cuento “El vocabulario de los balcones” de Almudena Grandes. Nos presenta a Juan siempre con un libro bajo el brazo y a Lucía joven que lee el “Demian” de Herman Hesse cuando no escucha el “Mediterráneo” de Serrat. Este personaje, ya adulto, no olvida situar en su maleta de mudanza “Modelos de mujer” de Almudena Grandes.

Junto a su profundo deseo de reflejar lo íntimo y a la bella puesta en escena, destaca la creación del compositor Ángel Illarramendi. Con su partitura musical, eleva todo el conjunto a un nivel superior.

«Aunque tú no lo sepas» alcanza momentos poéticos en secuencias en que los balcones parecen observarse y conversar entre sí. En ese final fuera de campo donde el sonido de un timbre sirve de preludio de una maravillosa pasión liberada. En la forma en que el transcurrir del tiempo presente va desenmarañando el pasado que se nos va desvelando. El realizador llena la sala oscura de amor por su oficio cuando los prismáticos (ese artefacto óptico) son objetivo de enfoque, y, terminando,  cuando modifica aquella escena final de la histórica “Doctor Zhivago” y el amante no muere en silencio.

Las actuaciones, por contra, no terminan de cuajar. El de Gary Piquer es un caso paradigmático de inexpresividad. Silvia Munt no transmite su desolación como en otras ocasiones, o como en filmes similares Juliette Binoche. Sin embargo, Manuel Morón borda una vez más un papel secundario de nuevo diferente, otro más que añadir a esa larga lista que le señala como uno de los intérpretes de registro más amplio en el panorama cinematográfico actual. Este caballero merece papeles principales para que los espectadores podamos degustar su arte.

El film recrea en una maravillosa escena aquel juego de la época en que se iluminaba con un espejo la casa de un vecino, y aquellas peleas de piedras, una clase de física en el instituto Cardenal Cisneros de Madrid, o la librería Fuentetaja. Es el mismo enfoque nostálgico de Santiago Tabernero en «Vida y color». Sin embargo la supera por trascender del decorado temporal de una época hacia la plasmación de sentimientos que son universales, y pueden ser comprendidos en cualquier punto del mundo, y en cualquier época. El cine de JV Córdoba no es simple documento de una época, incita la duda del espectador, afecta sus certezas, le hace ver que una vez quizá falló, como cualquiera. Y el errado no merece oprobio. Merece afecto.

Buen cine. 

Inaki Lancelot

 
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