InakiLancelot
  Felices 140
 

DESCABEZAMIENTO DE TÍTERES 

«Felices 140»
Directora: Gracia Querejeta

Nacionalidad: Española

Intérpretes: Maribel Verdú, Ginés García Millán,
Eduard Fernández, Nora Navas, Antonio De la Torre, Marián Álvarez, Paula Cancio, Álex O’Dogherty, Marcos Ruiz.
Estreno: 10/4/15


«Felices 160» comienza con el relato de una anécdota que he escuchado contar por personas diferentes. En mi caso, un compañero de sesenta años parecía retornar a su niñez, se le avivaba la mirada y se le suavizaban las arrugas de la cara, mientras describía cómo de niño, en plena posguerra, su padre le dio un caramelo que a él se le cayó de la boca antes de terminarlo. Siendo época de tremendas restricciones, no había posibilidad de recuperarlo o de tomar otro. Aquella sensación de penuria lo acompañaba aún décadas después.

En la séptima película de Gracia Querejeta, el personaje en cuestión se retrotrae a su niñez, cuando deseando un camión de un escaparate, no puede tenerlo porque su progenitor no tiene dinero para comprarlo. Momento en el que Polo, a modo de Escarlata O’Hara, se conjura para convertirse en un adulto escandalosamente rico.

De riqueza parece hablar la obra más ambiciosa de esta directora madrileña. La mejor acabada gracias a un guión que vira y gira para que nada sea lo que parezca, evitando sentar cátedra acerca de lo bueno y lo malo, para definir con gran precisión un estado social.

«Felices 160» comienza volando bajo con un tono costumbrista y limitado brío acerca del reencuentro de un grupo de amigos, de adultos que se miran al espejo y recuerdan ilusiones incumplidas, tantas como limitaciones determina la profesión de cada uno.

Pero en un momento dado, el guión adopta un estilo perverso digno de Polanski y ya no queda títere con cabeza. Se escarba en la relación entre amigos que han dejado de verse y quizá deberían dejar de llamárselo. Se introduce la cizaña en parejas donde el aprecio no avanza igual en los dos sentidos. Se rebusca en el fondo de profesiones que sólo garantizan la supervivencia pero prometen el éxito a unos pocos elegidos (dejando particularmente mal parado al gremio de los abogados). Se encuentran las razones para vender la propia alma y para abstraerse incluso del vínculo con los propios hijos. Todo ello por un atisbo de riqueza, o quizá una salida de mera supervivencia.

Quizá, sí. Porque si bien sería fácil condenar al ambicioso, no es este el punto de vista en «Felices 160», que abandona pronto la posición bienpensante. Veremos auténticos canallas a los que el dinero dignifica, suavizando sus relaciones sociales. A seres tan absolutamente vacíos como felices. Y también a buenas personas que no sucumben al supuesto encanto crematístico.

Este es el gran acierto de Gracia Querejeta. Su capacidad de construir un argumento sorprendente en el que nada pueda intuirse de antemano. Su construcción de personajes que no encajan en clasificaciones de buenos y malos. El tono de aviesa comicidad que sostiene la trama. Su descripción de una corrupción moral, que tal vez explique la política y la económica.

Adicionalmente, Gracia recrea con encantadora sensibilidad la relación siempre tan especial entre un adolescente y un familiar cercano del otro sexo, con el que establece complicidades y un nexo siempre fundamental en la construcción del nuevo adulto.

También es un punto fuerte su mención a la enfermedad mental, su retrato de la pulsión violenta, del atractivo de la pérdida de control y la liberación de las cadenas de contención. Su inserción natural en la trama, como un elemento más de nuestra cotidianeidad, en la que a veces dormimos mal, a veces llevamos el brazo escayolado y a veces quisiéramos…

Un elemento enriquece la presentación, en la que se ilustra el primer envejecimiento, el traspaso de la frontera de los cuarenta abriles. Actores muy conocidos durante años que han ido ejerciendo papeles de jóvenes, siempre especialmente atractivos en pantalla, exhiben primeras canas, carnes y facciones maduras. Y es imposible no empatizar con sus sensaciones frente al espejo. Es el caso del guapo reconocido Ginés García Millán, quien lo hace muy bien, de los excelentes actores Antonio De la Torre y Eduard Fernández (que no se tenían que morir nunca), de Nora Navas, de Marián Álvarez (actriz magnífica), y de la protagonista, Maribel Verdú, un icono.

Inaki Lancelot

 
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